La Voz Del Interior – Santiago Giordano – septiembre 2007

septiembre 2007

El tenor cordobés es aclamado en los teatros del mundo como uno de los mejores en la actualidad. En agosto cantará en el Orfeo Superdomo.

Para referirse a Marcelo Álvarez, la crítica especializada suele aludir a su técnica depurada, su timbre cristalino, su pronunciación perfecta, su presencia escénica o, como expresó el crítico Eduardo Benarroch después de Il trovatore del Covent Garden de Londres en febrero, al “mejor tenor lírico del planeta”.

Para los cordobeses apasionados por la ópera, Marcelo es uno de esos sueños que cada tanto se hacen posibles. Y este año, nuevamente, será realidad. El 29 de agosto, el tenor regresará a Córdoba para cantar en el Superdomo Orfeo, junto a la Orquesta Sinfónica de Córdoba y al Coro Polifónico de la Provincia. Con él estarán la soprano Natasha Tupín y el director Fernando Álvarez. “En Córdoba hay gente que quiere que vaya y apuesta para que pueda brindar un espectáculo. Es la gente de siempre, la que quiere que la lírica no muera allá”, explica Álvarez desde Toulouse (Francia), donde el jueves debutó en el rol de Don José en Carmen de Bizet.

En junio debutará en el rol de Riccardo, en Un Ballo in maschera de Verdi -en una nueva producción de la Opera Bastille de París-, y luego de una serie de conciertos llegará a Córdoba. “Siempre es Córdoba, porque Buenos Aires todavía está lejos; ahí se hace difícil conseguir los esponsors necesarios”, asegura.

Cuando cuenta qué hizo en el último año, Álvarez repite varias veces la palabra debut. Y no es casual. Su carrera llegó a un punto de inflexión importante, en el que es imprescindible abordar los personajes vocalmente más exigentes, los del repertorio “spinto”. Y los resultados obtenidos con Manrico en Il trovatore y Cavaradossi en Tosca o Don José en Carmen, por ejemplo, lo afirman como un artista maduro, pero que no deja de crecer. “Hay una tradición que indica que el cantante debe empujar la voz, hacer acrobacias con ella, y el resto del mundo venir detrás de él -explica-. Hoy es distinto, el público de la ópera tiene una gran preparación y exige que se respeten más las partituras. Don José, por ejemplo, es un tipo bondadoso, que pierde sus principios a medida que se enamora de Carmen. Hay que tener mucha técnica vocal para expresar con la voz la decadencia moral de un hombre a través de los cuatro actos de la obra: el bueno, el ilusionado, el ofendido y el fuera de sí. Lo difícil es cantar al final, con una voz que suene con rabia, pero sin llegar a romperla. Un personaje cambia durante el desarrollo del drama y naturalmente cambia también la vocalidad.

-¿Cómo elaborás un personaje? 

-Muchas veces se mira el personaje desde el punto de vista de la dificultad vocal, sin buscar el desarrollo que pueda tener la voz durante el drama y las exigencias expresivas de los personajes. Hice mucho bel canto y ésa fue una escuela de fraseo que, ahora que estoy subiendo al repertorio “spinto”, me es muy útil y me caracteriza como cantante. Además, siempre tuve el coraje de hacer los personajes como los sentía y eso me dio muy buenos resultados.

–¿Cómo va a ser el concierto de Córdoba? 

–En estos días nos juntaremos con Fernando (Álvarez ) para definir el repertorio, pero te aseguro que será un recital popular. Quiero hacer un concierto que abarque además de arias de ópera, también zarzuela, canzonetas napolitanas y canciones en general.

–¿Por ejemplo? 

–Júrame, La Tabanera del puerto, Granada, Caruso. Será distinto a los recitales que habitualmente hago en Europa.

A su manera. 

–¿Qué lugar sentís que ocupás en este momento en el mundo de la lírica? 

–Te lo digo con gran humildad: siempre me sentí entre los mejores tenores del mundo, pero creo que ahora la gente me ve así. Y la gente decide. Haciendo títulos como Il trovatore, Tosca, Carmen, Un ballo in maschera, el público te considera de otra manera. También los teatros, que hoy en día me buscan para que haga roles nuevos. Cuando quiero estrenar un nuevo personaje, los teatros se pelean para atenerme. Soy un artista que crea expectativa, la gente espera algo de mí. No me exige ni ser mejor ni peor que otros, pero espera que haga algo distinto. Y eso en el mundo de la lírica es un evento que no se repite mucho.

–¿Qué es lo distinto? 

–Y… por ejemplo el año que viene debutó con Andrea Heñir en la Scala de Milán o Aída en el 2010 en el Covent Garden y ya muchos se preguntan cómo serán mis personajes. Hoy son muchos los directores artísticos que piensan que puedo abordar un repertorio amplio y sobre todo están convencidos que no voy a imitar a otros cantantes. Voy a hacer lo que se, a mi manera.

–¿Sentís que marcaste un estilo? 

–Si. Por ejemplo en Manrico de Il trovatore se ve la juventud del personaje; que no es solo física, hay mucho en la voz. Hoy el público quiere sentir y creer en lo que ve.

Pares e impares. 

–¿Cómo te llevás con tus colegas? 

–Cuando hacía un repertorio belcantístico canté mucho con Mariela Devia y ahora lo hago a menudo con Fiorenza Cedolins. Con ambas me encuentro muy bien. También me gusta trabajar con René Fleming o Angela Giorgiu, aunque digan que es diva y esas cosas.

–¿Hay mucho divismo en la ópera? 

–Mirá, en el caso de la Giorgiu pueden decir muchas cosas, pero cuando entra en el escenario es una artista increíble. Además, si te respeta es una gran camarada, una mujer encantadora. En general me gusta tener colegas con los que me siento bien y que se sientan bien conmigo. Y me gusta cuando me dicen que conmigo no se puede cantar al 80 por ciento, que hay que estar siempre al 100.

–¿Y con los otros tenores, cómo te llevás? 

–Todos estamos trabajando mucho y tenemos poco tiempo para encontrarnos. Pero cuando sucede, nos tomamos una copa, hablamos de lírica y nos divertimos. Todos tenemos más o menos los mismos problemas y las mismas expectativas sobre nuestro trabajo. Con mis colegas todo bien, pero a veces tengo problemas con los directores.

–¿Por qué? 

–Así como una vez habían proliferado en el mundo de la ópera los regisseur que venían del cine, ahora aparecen los directores que vienen de lo sinfónico. Pero como digo yo, si el cantante no sabe la parte lo mandan a casa, pero si el director no sabe lo que es un cantante, ni de cómo cantar, está todo bien.

–¿La ópera es una especialidad para un director? 

–Claro, debe conocer qué sucede en una escena, qué hacen los cantantes; para que sus elecciones de tiempo, volumen y esas cosas no choquen con nuestras necesidades.

–¿Y con los “regisseur”? 

–Todo mal, como siempre (risas). Pero me parece que hay un cambio. La gente se estaba aburriendo de ver cantantes que eran como modelos en una escena linda, estaba cansada de producciones que privilegian la regie. Para eso está el cine.

Santiago Giordano

De nuestra Redacción

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