Febrero 2010: Andrea Chènier

El tenor argentino Marcelo Álvarez ha cumplido su palabra y se deja “la piel” en el teatro Real para imprimir a su “Andrea Chénier” tanto la sensualidad como la violencia que requiere esta joya del verismo, sublimada con la puesta en escena cinematográfica y suntuosa firmada por Giancarlo del Monaco.

Madrid.- El tenor argentino Marcelo Álvarez ha cumplido su palabra y se ha dejado esta noche “la piel” en el Real para imprimir a su “Andrea Chénier” tanto la sensualidad como la violencia que requiere esta joya del verismo, sublimada con la puesta en escena cinematográfica y suntuosa firmada por Giancarlo del Monaco. …

Pero el que ha provocado una delirante admiración con cada una de sus intervenciones, demostrada con “bravos” y aplausos a lo largo de la representación y con una cerrada ovación al final, ha sido el tenor argentino, que ha exhibido la seguridad técnica y la fuerza vocal que requiere su complicado papel.
Empeñado en cantar “calmo y sereno” para que el público sienta como la música fluye, Álvarez ha subido y bajado por la “montaña rusa” del fraseo y el color pautado por Giordano, con una orquestación tan apabullante que se corre el riesgo de “tapar” a los cantantes, algo que el director, Víctor Pablo Pérez, ha evitado…

Su versión de esta ópera, que se representó en Madrid por última vez en 1985, con José Carreras y Montserrat Caballé, demuestra que hay “otra forma” de cantar el verismo, pausadamente, sin la “forza” de la que presumían Mario del Mónaco o Corelli, y de que es “tiempo de cambios”.
“Andrea Chénier”, un drama histórico con elementos próximos al folletín, está impulsada de principio a fin por la melodía, con breves y muy intensos pasajes líricos a los que preceden recitativos con la orquesta como protagnista y es un reto “de dificultad máxima” para los cantantes porque tiene cuatro arias y dos duetos, y sin las pausas que marcaba el compositor. …
Para poner en pie todo ello, Giancarlo del Monaco -hijo del célebre tenor, que interpretó en muchas ocasiones el papel de Chénier- ha diseñado una puesta en escena impactante, de tanta complejidad que, tras el primer cuadro, de apenas media hora, hay un descanso de 45 minutos para cambiar el decorado y, de nuevo, otro a la media hora para adecuarlo a las escenas del juicio y la cárcel.
La equivalencia entre drama y música es total y el único punto en el que se aparta la música del libreto es en la reconstrucción histórica del periodo de la Revolución.
El verismo se reduce en esta “ópera italiana en estado puro”, en palabras del director de la orquesta, a la autenticidad de la atmósfera cortesana con la gavota del primer cuadro o la revolucionaria de los otros tres con citas de la Carmañola o la Marsellesa…

14 de febrero, 2010 Concha Barrigós